DESCUBRE A TU NUEVO MEJOR AMIGO

DESCUBRE A TU NUEVO MEJOR AMIGO

Mariana Morales

“La consciencia solo puede existir de una manera, y es teniendo consciencia de que existe” – Jean-Paul Sartre

Todos tenemos una voz interna que nos acompaña todo el tiempo, una especie de narrador automático que va registrando lo que sucede a nuestro alrededor y generando una serie de opiniones y puntos de vista acerca del mundo y la forma misma en la que estamos contactando con cada una de las experiencias que enfrentamos. En algunas ocasiones podemos escucharla claramente y hasta conversar con ella, en otros momentos ni siquiera alcanzamos a oírla y se vuelve más como un susurro que no alcanza a ser percibido; en cualquier caso, esta voz que a veces es imagen, a veces es olor, a veces gusto y otras más tacto, es la parte vital de nuestra consciencia y está en nosotros elegir qué tipo de relación queremos tener con ella.

Una de las funciones que cumple esta voz – tal como lo hace un buen amigo – es facilitar que nos veamos de manera más amplia y entender cómo funcionamos, nos ayuda a clarificar qué es importante para nosotros y promueve que alcancemos nuestra mejor versión para así relacionarnos de manera más constructiva con los demás, tomar decisiones y, en general, ser más efectivos en lo que hacemos. Pero no siempre tenemos el contacto más productivo con dicha voz ya que, aunque es constante y en realidad se hace presente para enriquecernos, a veces no le prestamos atención, y otras tantas, le restamos valor.

Esta voz debería ser en realidad no solo un buen amigo sino el mejor y, como en una amistad, una relación que tiene que cultivarse a través de una convivencia sana, y para ello podríamos de inicio reconocer que está con nosotros. Por ejemplo, en algunas conversaciones, cuando pregunto a otros cuáles son las principales cualidades o defectos que observan en sí mismos, veo un gran porcentaje de gente que tiene una verdadera dificultad para identificarlos y nombrarlos; a mi juicio esto puede ser una señal de una convivencia, digamos… muy poco frecuente con este amigo, y éste es un primer acercamiento a una de las funciones de mi consciencia, reconocer cuáles son mis formas más habituales de ser y de actuar. Así que, si puedes nombrar al menos unas 25 características sobre ti mismo, más allá de las físicas, podríamos decir que la relación está presente, que tu amigo te acompaña.

Ahora bien, es poco probable que una persona pueda ser de la misma forma todo el tiempo, es decir, si yo me considero una persona amable pero un buen día no me comporto como tal, mi voz interna me ayuda a reconocer los propios matices de mis acciones y lograr un mejor entendimiento de los botones que activan en mí una u otra forma de reaccionar; si soy capaz de escucharla sin juzgar -como se hace con un buen amigo- entonces no me sentiré amenazado y podré aceptar una nueva parte de mí que enriquece lo que soy y la forma en la que funciono en el mundo. Escucharla sin juicio es un reto mayor porque muchos de nosotros tenemos una buena dosis de temores y exigencias impuestas, por uno mismo y por los demás, que nos dicen cuál es el “deber ser”, pero seguramente quien tiene más autoridad y fundamento para reconocer que es lo correcto para ti es tu propia voz, quien te conoce mejor que nadie. Es aquí donde hay que subir el volumen para escucharla con mayor fuerza entendiendo que, como el mejor de tus amigos, te hablará con la mayor apertura, te dirá lo que percibe de la manera más honesta posible y te acompañará para enfrentar lo que te toque enfrentar.

Esta dinámica nos permite darnos cuenta de que estamos lejos de la perfección y de ser un producto terminado en cualquier sentido, surge entonces la tarea de configurar de qué forma nos sentimos seguros y confiados de lo que somos y cuáles son las zonas de nosotros mismos que nos generan inseguridad o miedo. Tu mejor amigo tampoco te dejará solo en esta labor, sino que te ayudará a entender más y por ende a lidiar mejor con tus inseguridades. Mientras más personas conozco, más percibo cómo la mayoría tenemos una o muchas zonas en las cuales nos sentimos inseguros, la diferencia que observo consistentemente entre una persona que se desarrolla de manera más integral que otra, es precisamente la consciencia y la gestión que hace de ellas en el día a día.  Y no es que mi voz interna las tenga que estar rumiando todo el tiempo – hablaba en un inicio de una amistad sana que no implica el ser insistente -, sino que me ayude a recordar que esas zonas existen y que demandan de mí un mejor uso de todos mis recursos para trabajarlas y trascenderlas. Si yo no escucho a mi amigo en esto, es probable que vaya por la vida fingiendo aspectos de mí que muy probablemente me alejen de mi versión más auténtica y de usar de la mejor manera los talentos y dones que poseo.

Una buena amistad es un punto de referencia para construir relaciones positivas, y si yo aprendo a relacionarme con mi voz interna, esto me dotará de la capacidad para saber qué puedo ofrecer en una relación, reconocer con flexibilidad y compasión mis aciertos y mis errores, aprender a pedir lo que necesito y estar abierto a reconocer lo que los demás pueden necesitar de mí, ser aceptante, poner los límites que sean necesarios y, en la instancia más importante, mostrarme y darme de manera genuina y transparente consciente de que lo que soy está en proceso de construcción permanente y que cuento con un mejor amigo que fielmente me dará un soporte incondicional para seguir creciendo.